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Año 6
Noviembre de 2005
El militarismo pasea por pueblos y zonas rurales de nuestro país,
convirtiendo los días de mercado, de esparcimiento, de una cerveza, un
tinto, de encontrarse en el parque, en la taberna, de enamorar, en un
sitio de reclutamiento, que obliga a muchos jóvenes a abandonar su
tierra, su guitarra, su pincel, para empuñar un arma a nombre de una
patria desdibujada y un enemigo difuso, que no entendemos si es enemigo
nuestro o de unos cuantos, que mandan a sus hijos a Harvar y a Europa.
Los campesinos, denominados soldados campesinos, van a las selvas
colombianas a empuñar un fusil
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