|
POR
Lina Mejía Correa
Es
indiscutible que el Feminismo ha realizado grandes aportes a
nuestra sociedad, desde el punto de vista, no sólo político, sino
también cultural. Ha logrado movilizar a las mujeres en la
reivindicación de sus derechos y por su reconocimiento en la sociedad,
y ha logrado transformaciones culturales de cuestiones que hace unas
pocas décadas parecían imposibles.
El papel de
las Feministas en el pasado fue de muchas formas mal visto, sin
embargo, gracias a aquellas que en algún momento decidieron cortar de
forma transversal el patriarcado que las rodeaba y que por motivos de
discriminación social (por ser mujeres y ser Feministas ) se vieron
avocadas a contestar con fuerza y radicalidad, a ellas -también- les
debemos que hoy en día tengamos acceso a lo público (acceder a la
educación, cargos directivos, a manejar nuestro patrimonio, entre
otros) y que lo privado, hoy sea parte de importantes discusiones
sociales.
Pero ¿qué pasa hoy con los Feminismos ,
en un mundo globalizado, con una economía de mercado, basada en el
modelo neoliberal, y con la transformación de la razón social del
estado (cada vez menos público y más privado)?. En el contexto actual,
los Feminismos tienen nuevos retos, nuevas preguntas que hacerse y que
responderse, nuevos lugares en el espacio - tiempo actual, y sobretodo
muchas revoluciones que desarrollar.
Las mujeres
parecemos preocupadas por todo, seguramente porque padecemos la
realidad día a día. Sin embargo, percibo que nos estamos estancando,
que nos hemos conformado con lo poco que le hemos arañado al sistema.
¡¿Conformistas?! Sí, lastimosamente esa es la realidad que percibo,
como si hacer lo que hace unas décadas se pensaba innombrable fuese hoy
suficiente, ¡No! Bajo ningún motivo el Feminismo puede perder de vista
su razón de ser, tal vez su objetivo más progresista y humano:
“transformar la cultura patriarcal”, esa que tan arraigada llevamos
también nosotras en nuestras entrañas porque fuimos educadas en ella,
pero nuestro compromiso con la transformación sobrepasa las estructuras
y se alberga en todo aquello que nos rodea, porque la lucha por un
mundo incluyente y equitativo, es hoy una lucha vigente. Ahora nuestras
luchas, no sólo deben centrarse en la posibilidad por acceder a
espacios que hoy estamos ocupando, ahora debemos reconocer que el
acceso a tales lugares en la sociedad y la detentación de poderes que
antes no teníamos, no es garantía alguna de un ejercicio de poder más
incluyente y menos patriarcal. Si hoy día podemos trabajar, es un deber
preguntarnos ¿al servicio de quién?, las académicas deberán preguntarse
¿a quién sirve su producción de intelectual? y sobre todo, si lo que
hoy hacemos quienes nos consideramos Feministas, está contribuyendo al
fortalecimiento de estructuras eternamente patriarcales o si por el
contrario las estamos quebrantando.
No
podemos perder de vista, que lo que hoy somos las mujeres se lo debemos
a las luchas de muchas ancestras, pero sin embargo, la responsabilidad
de quienes estamos en el presente, es dar salidas y respuestas. ¿Cómo
construir y practicar un poder coherente con nuestro deseo de
transformación? Teniendo en cuenta que la intención no es usurpar del
poder a los hombres - como algunos piensan de manera equivocada - sino
construir un ejercicio del poder incluyente, uno donde el sol y la luna
podamos construir una sociedad más justa y equitativa, donde no seamos
lobos unos de otros, sino que mas bien podamos vivir principios de
solidaridad y respeto, tanto desde lo público como desde lo privado,
tanto desde grupos como las relaciones de pareja, porque de lo
contrario no estaríamos yendo a donde queremos ir... a transformar la
sociedad.
Estamos llamadas a compartir y aliarnos
con otros movimientos sociales que como nosotras buscan la construcción
del mundo a partir de la diversidad, uno en el que podamos construir
redes de solidaridad y apoyo, donde el discurso de la diversidad y la
construcción en la diferencia sea una práctica real.
Las
Feministas no podemos quedarnos en la idea engañosa de que ya
hemos hecho una revolución cultura. ¡No!, aún falta mucho camino por
abrir. Nuestro dilema hoy en la práctica es si ¿Apostarle a reformas
sociales desde el reconocimiento legal, es coherente con el objetivo de
los Feminismos? ¿Incluir nuestras reivindicaciones en y desde el
patriarcal y paternal estado que debe protegernos, es lo que en
realidad queremos?, ¿Es coherente fortalecer una estructura patriarcal
como es el estado? O por el contrario ¿nos interesa construir redes y
órdenes alternos que permitan desde la cotidianidad, desde nuestros
cuerpos, desde las estructuras de las cuales hacemos parte, vivenciar
prácticas más coherentes con nuestro sueño de sociedad?
Estamos
en el dilema de apostarle a la reforma o si nos arriesgamos a apostarle
a la transformación, donde la relación con estado no sea más que desde
un punto de vista estratégico, pero no un fin en sí mismo. A veces
parecemos suplicantes en reclamos como “reconozca el derecho al
aborto”, sin haber elaborado un discurso desde la desobediencia civil a
las leyes injustas, porque las mujeres cuando ejercen de facto su
derecho a la libre opción de la maternidad, están expresando su
inconformidad con las leyes que desconocen la realidad, en la medida en
que una gran cantidad de población Femenina accede al aborto está
deslegitimando el estado, entonces ¿el papel de nuestros movimientos es
investir al estado de legitimidad o de apostarle a la desobediencia
civil y declararnos en resistencia? Sobre todo cuando hablamos de un
estado, en donde la gran masa de población sigue excluida y alienada y
gran parte de esta somos mujeres.
El seminario
Latinoamericano “Mujeres que transforman la existencia cre-siendo en el
Feminismo”, tuvo ponencias muy interesantes sin embargo, las
intervenciones se centraron en el desarrollo de estudios, campañas y
acciones que propenden por la reforma del estado y la sociedad, pero
poco balance hubo sobre los aportes del Feminismo en términos
contraculturales a la historia de nuestros países, donde las mujeres
hemos jugado un papel importantísimo a la hora de señalar, denunciar,
resistir, construir y reconstruir la sociedad, a partir de aquello que
nos afecta.
Si en realidad el movimiento
social de mujeres está llamado al Feminismo entonces debemos hacernos
nuevas preguntas, construir nuevas respuestas y sobre todo, tener muy
claro a que le estamos apostando:
a la Reforma o a la Transformación
|