“Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de
asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes
de lanzarse a exterminar a su prójimo”
-Voltaire-

Buenas nuevas: les habla David Rodríguez L. Les
propondré a dar en sus timpanadas caracolas auditivas aquello que desea
esta persona darles a entender. Escribiré para públicos de multiples
gamas coloridas, diferentes pareceres, pensares, sentires entre otros.
Bien, veamos. Estoy presente antes ustedes para darme a decirles que me
declaro Objetor por Conciencia dirigido a los diferentes grupos
armados, partidarios disparadores estatales con licencias resumidas en
los apellidos de sus uniformes, como para aquellos entes que golpean
con palabras las dignidades, sumisan cuerpos, compra-venden conciencias
y aniquilan a ellos y ellas… trafican y drogan para asemejarse a
alucinados lisiados de hambre frente al oasis inexistente de dinero.
Nos encontramos con el porqué de declararme, son variadas las causas
para hacer evidenciar mi postura: lo muestran las portadas de los
periódicos diciéndonos las muchas detenciones arbitrarias por parte del
ejército a jóvenes entre los que esta su hijo, la amenaza e
intimidación de lo Vigilantes del Barrio a los jóvenes para que se les
unan por migajas monetarias y egos materiales sin alma; comprar
libretas militares, bancarias, de E. P. S. (Empresas Pobres en
Salubridad) que atiborran las billeteras de innecesarias papeladas, de
pegarle a la niña por portarse mal sin antes arraigarme hasta mi muerte
de decirle qué esta mal y qué no es debido hacer; de ir a Casas de Tres
Cruces, cualesquiera que sean éstas, a obedecer principios morales
divinos y palabras sagradas que te digan qué y cómo debes vivir,
vestir, hablar y comer. Desobedecer burlas cotidianas que no podamos
ayudar a los nuestros, esos que hacen valernos con hipocresía ante
quienes gozan desvergonzadamente del respeto ajeno; no pegarle a
palabradas a la mujer de mi compañía, de trabajo y de amor solo porque
no entiende un oficio del cual no ha sido parte de su común vivir ni
porque nadie sirve para nada de lo que no ha probado aferradamente.
esta acostumbrada y esperas de
1. La urbe:
Nos manejamos en un gran pueblo, forjado desde comienzos de siglo XX
por campesinos que llegaban a abastecer bocas de los nuevos andariegos
del pueblo abarrotado como ciudad, de otras gentes que verían crecer
autos, edificios, imponer nuevas vestimentas, articular nuevos vocablos
y extender infinidad de muros para múltiplos de familias. Ahora en este
presente, yo como tantos otros nos toca vivir en un gran pueblo donde
hay un millón de ojos: paramilitarizados, delincuenciales, “de orden
público”, “por seguridad”, prohibidos, “inocentes”, ignorantes (¿?),
envidiosos, locos entre otros a quienes queremos dejar reflejada una
reflexión de que hay entes a quienes no queremos asistir a sus
plegarias de “vigilancia y seguridad para todos” metiéndonos en una
obediencia no apta para nuestras perspectivas de vida.
“No se pude fumar bareta aquí, no pueden tomar aquí”, es una de las
muchas excusas con que excluyen nuestros seres de las conciencias en
que nos caminamos –o viceversa- de nuestros ambientes sociales, de
parlas, consumos; de ahí que incidamos a hablar con los cercanos de que
hay maneras de contrarrestar tales políticas aburridas y conservadoras.
No solo de inservibles húsares hay que desaprender sus normas y
leyes para aprender a permanecer donde gustamos estar, sino de
hablas y palabrerías, señalizaciones de dedos, ordenes
estigmatizadoras, imposiciones en cruces, clérigos predicadores
propagandistas de la Nueva llegada de El Señor (cosa que mientras viene
podemos mejorarlo nosotros), de opiniones vendidas en los diarios del
diario vivir, productos en venta perjudiciales para la visión y las
mentes, comestibles 100% libres de grasas más no de levaduras
brumosas, y mil y un variedades de consumideses que empalidecen
nuestros cuerpos. No dejando de olvidar la negativa que doy a lo que
nos vende las televisoras vitrinales de los almacenes y demás
contaminación visual de las grandes cadenas supermercaderas entre otros
ofrecimientos de pacotilla.
2. La familia:
Llega cierto momento en la vida de cada o casi todos los jóvenes en que
se empieza a preguntar de su posición política o religiosa, cultural o
ideal, o todas juntas, y de cómo la acoplará o se acoplará a esa
práctica personal. Muchos desde el querer ser como quieren ser se
revela al dictamen religioso, social o el que haya en el interior de un
seno familiar imponiéndose a sí mismo un estilo de vida. Así hice yo,
sin altanería ni reniegos al Amá y al Apá, deserte de ser un muchacho
de creencia a Dios al percatarme de que éste no hacía nada por el
lisiado mundo en que vivimos, material o celestial, y leyendo ensayos
tales como el Porqué tan imponente Dios deja hacer que en esta Tierra
se maten entre sí, y permite que se impongan una a otra las más de
20.000 sectas religiosas, se torturen, se vituperen y se emulen los
cuerpos y las conciencias dañando a otros en respeto a su dogma y
a la espera de la llegada de seres históricamente muy hablados,
propagandeados pero no cuestionados como debe ser: ¿será que si llegan?
¿Porqué no obedecer mejor en un termino más orientado a vivir por sí
mismos, de entablar una comunión de seno familiar dónde se valore el
oficio interno por parte de todos, de desatarnos de ese anticuado
“¡Aquí el/la que mando/a soy yo!”? ¿Siempre subyugaciones, siempre
mandamases? ¿Deberemos vivir siempre de rangos familiares y no de
igualdad de responsabilidad de todos en los quehaceres hogareños?
Hablando un poco más de la libertad de conciencia, es uno de los puntos
–lo veo así- centrales de disputa familiar al no dejar ser al sujeto
tal y como desea ser. Aún se sobrevive con ese ambiente siguiendo una
verticalización de los hijos, de que deben “ser como sus padres”. Hay
casos en que si se da bien esta herencia, más deben ser muchos jóvenes
los que padecen el rigor de la regla familiar al no poder emancipar los
quereres, sentires, curiosidades, artes, entre otras visualizaciones
para la formación de sus cuerpos y mentes. De aquí a que muchos de
ellos manifiesten su inconformismo y se retracten a unas leyes
patriarcales o matriarcales que no los dejan ser. Deberíamos entablar
un dialogo más interno, de escuchar por los ojos y ver por los oídos
entre quienes conforman ese lecho familiar, de cómo podemos entendernos
mutuamente sin generar represalias, de abrir la comprensión entre todos
para que se dé una nueva visión del vivir como familia unida. Muestra
esta que puede reconstruir la convivencia familiar a costumbres más
solidarias y de participación mutua, desobedeciendo estructuraciones
verticales para articular un orden horizontal orientado al
entendimiento sin obedecer, sin acatar.
3. Políticas:
No sé cuantos modos de política haya, pero muchos a desentender y de
dejar a un lado si están presentes. Desde no votar, hasta salirse de la
empresa por no seguir la política de esta. Aún no me he concebido si
irme en contra del Estado, no votar por él, o si arremeter contra sus
ESMAD tirándoles trastos, piedras y cócteles molotov y desde esta lucha
insurreccional para demostrar mi inconformismo. Sólo sé de una: es
difícil agregarla a nuestras vidas, pero en algún momento debemos
osarnos en hacerla sacar a la luz, y es desobedecer a eso que ellos
allá dictaminan. En un instante quizá cambiemos de parecer muchos
al tener que aprestarnos a una conflicto civil interno pero ¿se dará?
Sólo optaré mejor por poner mi voluntad y virtud propia a mi autonomía,
al poder hacer mis quehaceres desde mi propio sujeto con aquellos
que tendré a mi lado y que también apostarán a la autosostenibilidad de
nuestros seres, de nuestras conciencias, y de levantarnos un mundo en
el que quepamos demasiados equitativamente.
4. El contexto nacional:
Veo este territorio no solo de conflictos de armas sino de palabras mal
habladas. No sé qué decir al respecto, estoy sombrío ahora de
imaginativa analítica pero sé que no solo de buenas economías hay
grandes países sino –y más aún de ello- de buenas lenguas se forjan
estos. El caso es que desistiré de malas parladas, puesto que eso hace
mi ser más llegado al respeto a los demás: de aquí a que no engendre
ningún tipo de batalla física, verbal o armada… tal como lo vivimos hoy
en día, y más aún desde el territorio planetario de donde lo escribo.
No siendo más me despido de ustedes queridos oyentes de la
Internacional de Resistentes a la Guerra, gracias y cuídense por la
derrota (camino).
Que la fuerza les acompañe….