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El pasado 15 de abril de 2005, a eso de las 5:30 p.m., me
encontraba rodando en mi bicicleta y unos policías en una moto me detuvieron, me
requisaron y me encontraron una pata de marihuana y me dijo un policía
que me iba a llevar para la estación para investigación de antecedentes.
Yo le dije al policía que yo estaba trabajando, que el no me podía
llevar, que para llevarme yo tenía que tener una cantidad superior a xx gramos,
y el policía decía “lo tengo que llevar porque ya lo informé”. Yo le decía: voy
a hacer una llamada. Y el contestaba “en la estación hace todas las llamadas que
quiera”. A los diez minutos aparece una patrulla de policías y hablaron con el
policía que me capturó y preguntaron “¿estos perros qué? Y el policía dijo
“súbalos y en la estación nos vemos”.
Los
inocuos policías, los de la patrulla, nos banderiaron por los barrios Boston y
la Milagrosa, y en Villa Hermosa se detuvieron, y en una heladería se sentaron a
comer helado, mientras nosotros como unos tontos los veíamos comer, ahí
trepados, en esa siniestra patrulla. Yo le decía al policía “mi agente me deja
comprar una tarjeta de comcel para hacer una llamada” y él me gritaba “dejame
comer, perro!”. En eso pasa un muchacho y le pedí
que por favor hiciera una llamada por mí. Y a una señora que andaba por esos
lados le dije mi nombre y números telefónicos. La razón a dar era que me detuvo
la policía y me llevaba para la estación Villatina. Al llegar a dicha
estación me pidieron los datos personales y me hicieron quitar los cordones y la
correa, dizque para evitar que me ahorque.
Por ahí a
los 45 minutos llega la abogada y entonces me relajé. Me preguntó que cómo me
habían tratado…
A eso de
otra hora nos soltaron a mí y a otros ocho muchachos que estaban desde la
mañana. Al salir, me hicieron firmar un libro y para la calle libre,
libre, libre… FERCHO |