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Por: Juan Diego Restrepo E. (*)
Empleando una hábil estrategia argumentativa, a través de la cual
pretende evadir responsabilidades penales como integrante de la
estructura de mando de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) ante
la imputación de crímenes de lesa humanidad, el ex comandante
paramilitar Salvatore Mancuso negó la existencia de una estructura
formal de esta organización armada ilegal y la calificó de "virtual".
"Las Auc una vez consolidadas, aproximadamente desde el año 99, eran
una confederación de bloques o frentes que compartían una misma
ideología, pero no una escala organizacional jerárquica", afirma quien
fuera el Jefe del Estado Mayor de las Auc desde mayo del 2001, en
reemplazo de Carlos Castaño Gil, quien renunció a ese cargo por
voluntad propia.
Las afirmaciones de Mancuso, que contradicen la historia de ese grupo
ilegal de extrema derecha, fueron consignadas en un documento de 230
páginas, conocido por la Agencia de Prensa IPC, que el ex paramilitar
le entregó al fiscal que lleva el caso durante la audiencia pública del
pasado 18 de enero, la última rendida por el ex comandante en los
tribunales de Medellín.
"De ninguna manera puede visualizarse a las Autodefensas,
particularmente antes del año 2002, como un ente monolítico donde la
información, el control y las decisiones ascendían y descendían
verticalmente según las normas estrictas y transparentes del
ordenamiento castrense oficial", afirma Mancuso, y agrega que "cada vez
que los grupos crecían en hombres, finanzas, territorios y poder
militar, era imposible en la práctica imponer un mando sobre aquellos
que se ganaban el control en la guerra a costa de sus propios esfuerzos
bélicos".
Mancuso, en síntesis, niega la jerarquía de las Auc atribuyéndole su
existencia a "la imaginación febril del comandante Castaño"; refuerza
el carácter irregular de ese grupo armado y hace énfasis en la
independencia de los bloques y frentes; y le atribuye las decisiones
más importantes de su accionar militar a "agentes oscuros" del Estado y
del sector privado colombiano.
"Estructura virtual"
"La nuestra (Auc) fue una organización no solamente ilegal, sino
también irregular – y así debe entenderlo el país –no solo por las
características de la guerra irregular que plantean las guerrillas sino
también, y fundamentalmente, por la forma irregular de su estructura
interna, a la que no dudo en calificar también de informal y hasta de
virtual– me refiero al mando conjunto –en el sentido de que solo
existió en el papel", asevera el ex jefe del llamado Estado Mayor
Negociador de las Auc, figura que, a partir de los diálogos con el
Gobierno nacional en 2002, reemplazó al Estado Mayor Conjunto.
Y no solo habla de una organización jerarquizada "en el papel" sino que
aclara que ésta solo existía "en la imaginación febril del comandante
Castaño, preocupado siempre porque la opinión pública visualizase a las
Autodefensas como la contracara exacta de las guerrillas, como réplica
idéntica del esquema burocrático de las guerrillas, sin que eso fuera
cierto".
Pero la realidad descrita en otros ámbitos contradice a Mancuso; entre
ellos, su biografía, escrita por la periodista Glenda Martínez
(Salvatore Mancuso. Su vida. Editorial Norma, 2004) que da cuenta de la
estructura de las autodefensas, incluso desde cuando se inician como
organización armada bajo el nombre de las Autodefensas Campesinas de
Córdoba y Urabá (Accu).
"La exigencia de un mando único se convertía en un imperativo. La
guerra entraba en una nueva etapa: la retoma de Urabá, el Eje Bananero
y la salida al mar, que exigía coordinación y concentración de fuerzas,
hombres armas y municiones. Esa tarde se creaban las bases de lo que
serían las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá", escribió
Martínez.
En ese momento, se constituyó la dirección de la organización ilegal.
Carlos Castaño como cabeza visible; Salvatore Mancuso, Rodrigo Tovar,
alias Jorge 40, Ever Velosa, alias Hernando Hernández, y Carlos
Mauricio García, alias Rodrigo Doble Cero, conformaron el primer Estado
Mayor.
La seriedad que le dieron a la conformación de las Accu fue de tal
profundidad que tuvieron sus propios estatutos, aprobados en julio de
1990 y reformados en marzo de 1996, "por consenso general de su Estado
Mayor", según se lee en varios documentos. Dichos estatutos
establecieron la estructura de mando, la cual recayó en un Estado Mayor
Conjunto, "órgano máximo de la Dirección de las Autodefensas Campesinas
de Córdoba y Urabá, y sus decisiones son obligatorias para todos sus
miembros. Estará conformado por los Jefes de los Estados Mayores
Regionales".
Pese a las evidencias, Mancuso niega la estructura y su accionar
articulado: "Los bloques o frentes, una vez maduros en su accionar
político, social y financiero, siguieron su camino de manera autónoma e
independiente, conservando por supuesto entre nosotros vínculos de
solidaridad y colaboración ideológica, militar o política, derivados de
la identidad de nuestra lucha contra la guerrilla, para lo cual algunas
veces nos juntábamos o apoyábamos esporádicamente, compartiendo
diversos aspectos requeridos en la guerra: logísticos, de transporte,
bélicos, de intendencia, entrenamientos humanos, financieros,
militares, de inteligencia, etc.".
El especialista en temas de conflicto, Mauricio Romero, explica que
Carlos Castaño, Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, y otros,
iniciaron el proyecto de centralización política y militar de los
diferentes grupos paramilitares y de autodefensas, primero a través de
la creación de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) a
finales de 1994, y luego con la conformación de una confederación
nacional, llamada Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), en abril de
1997.
"El Estado Mayor de las Accu estaba localizado en la serranía de Abibe,
entre el departamento de Córdoba y la región de Urabá. Allí también
funcionó la sede de la dirección nacional de las Auc, encomendada a
Carlos Castaño por los jefes de los diferentes grupos que participaron
en su constitución", aclara Romero.
En el libro El poder paramilitar (Editorial Planeta, 2005), compilado
por Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia,
aparece reseñada la estructura de las Accu, que tuvieron una dirección
política y militar integrada por Carlos Castaño, Salvatore Mancuso,
Rodrigo Tovar, alias Jorge 40, Rodrigo Molano, José Alfredo Berrío,
alias El Alemán, Eduard Cobo, alias Diego Vecino, Diego Murillo, alias
Adolfo Paz, Antonio Cauca, Pedro Ponte y Hernán Giraldo.
En sendas entrevistas, varios ex comandantes de bloques de las Auc
ratificaron lo que Mancuso intenta negar. Uno de ellos es Edward Cobo
Tellez, alias Diego Vecino, quien en enero de 2005 reconoció que "ésta
(Auc) es una organización político-militar y por el hecho de ser
militar obedece a una estructura, obedece a un mando vertical”. Un mes
después, Diego Murillo, alias Adolfo Paz, sostuvo en una entrevista que
"la autodefensa tiene un mando piramidal, había un comandante máximo
que era el comandante Carlos Castaño y ante su ausencia asumió ese rol
el comandante Mancuso".
Estos datos confirmarían que no había tal concepción de federalización
antes de 2002, aspecto que queda ratificado en el libro Mi confesión.
Carlos Castaño revela sus secretos, escrito por el periodista Mauricio
Araguren Molina (Editorial Oveja Negra, 2001). En él, Castaño reconoció
que "el mando unificado estaba perjudicando la organización" y propuso
"un mando federado de nueve comandantes, un Estado Mayor donde cada uno
responderá por sus actos".
De allí surgió el Estado Mayor de las Auc, conformado por Salvatore
Mancuso, José Alfredo Berrío, alias El Alemán, Rodrigo Molano, Diego
Murillo, alias Adolfo Paz, Antonio Cauca, Pedro Ponte, Hernán Giraldo,
Guillermo Llanos, Martín Casanare, Carlos Mario Jiménez, alias Macaco,
Ramón Isaza, Arnubio Triana, alias Botalón, Luis Eduardo Cifuentes,
alias El Águila, y Francisco Tabares.
"En las sombras"
Otro de los aspectos que sorprende en el documento es el reiterado
señalamiento como responsables de diversas acciones militares de las
Auc a "personajes en las sombras", desconocidos para él y conocidos
solamente por Carlos Castaño.
"El comandante Carlos Castaño tenía el máximo control de la situación y
daba hacia el exterior de la organización la impresión de que ese
control era sólido y orgánicamente colegiado –existen declaraciones
suyas a la prensa sobre decisiones supuestamente adoptadas por el pleno
de comandantes o Estado Mayor de las Autodefensas– pero, al menos desde
mi experiencia personal, eso no funcionaba así", relata Mancuso.
Según su versión, "el comandante Carlos articulaba su dirección e
incluso su influencia decisiva hasta el último rincón de las zonas
controladas por las Autodefensas, con personas influyentes que tenían
nexos fuertes con sectores enquistados en el aparato estatal, de tal
manera que cuando él se refería al "pleno de la organización" no lo
hacía en realidad con referencia a los comandantes que pertenecíamos a
las autodefensas sino con relación a esos otros personajes en las
sombras a las que nunca tuve acceso y que al día de hoy desconozco".
Mancuso hace referencia en ese comentario al llamado "grupo de los
seis", del cual habla Carlos Castaño en su libro autobiográfico y a
quienes describe como "hombres al nivel de la más alta sociedad
colombiana. ¡La crema y nata!". Según Castaño, ellos eran "verdaderos
patriotas, comprometidos con Colombia. Me convencieron de la
importancia de actuar patrióticamente y dedicar mi vida a la defensa
del país, y entregarla si es el caso. Eran personajes de todo respeto y
credibilidad".
Cuenta Castaño que iba donde ellos y "les decía que había descubierto
algunos de los grandes jerarcas de las Farc y el Eln en la legalidad,
les mostraba una relación escrita con sus nombres, sus cargos o
ubicación y ellos señalaban quién debía ser ejecutado". Al respecto,
Mancuso declaró en su versión libre que "(Castaño) nunca dijo un
nombre, al menos en presencia mía ni de nadie que yo conozca".
Tales circunstancias llevaron a Mancuso a señalar que "bajo la
conducción del comandante Castaño parecía haber dos estructuras: una
virtual, donde aparecíamos los comandantes de las autodefensas, y otra
real, pero desconocida para los comandantes donde los informantes y los
personajes que tomaban decisiones solo tomaban contacto y se
manifestaban a través del comandante Carlos".
A tales circunstancias Mancuso le atribuye, en parte, el crecimiento y
expansión de las Auc: "que bien pudo haber tenido que ver con "fuerzas
oscuras" direccionadas hacia el interior de la organización por el
mando exclusivo del comandante Castaño, "fuerzas oscuras" y totalmente
por fuera de nuestro control y que le dan principio de explicación a
ciertas acciones, totalmente desproporcionadas con el objetivo central
de derrotar a las guerrillas y aislarlas de sus bases logísticas de
aprovisionamiento y reclutamiento".
En un intento por figurar como víctima de una estructura que al parecer
no conocía y del que supuestamente no tenía conocimiento alguno, le
atribuye fines distintos a su lucha contrainsurgente: "pienso hoy que
esas acciones que provocaron muy acertadamente el escándalo y el horror
nacional e internacional han tenido que ver con el propósito
maquiavélico de dejarnos encerrados a los comandantes de las
autodefensas, a los "luchadores por la libertad", en un camino sin
salida, donde en un extremo estuviese seguir en el monte y en el otro
la cárcel y los tribunales internacionales".
Y finalmente, en un esfuerzo por acumular argumentos para despojarse de
su responsabilidad de mando como integrante del Estado Mayor de las Auc
antes de 2002, bajo la autoridad de Carlos Castaño, y luego como su
sucesor, le atribuye al Estado parte de la llamada "doble estructura"
de las Auc: "no puedo dejar de manifestar que resulta evidente a estas
horas que las razones de Estado, ocultas en los pliegues y los
recovecos de instancias decisorias del mismo, tienen mucho que ver con
las modalidades, las tácticas y la existencia misma de las
Autodefensas".
Queda claro que con versiones que contradicen la historia y articuladas
con habilidad verbal, Salvatore Mancuso pretende evadir ante la Ley de
Justicia y Paz, las víctimas y, a futuro, los tribunales
internacionales, la responsabilidad de mando que tuvo como integrante
del llamado Estado Mayor de las Auc, en la comisión de delitos atroces
y crímenes de lesa humanidad perpetrados por los diversos bloques y
frentes que integraban esta organización armada ilegal.
(*) Editor Agencia de Prensa IPC
Nota: Este artículo ha sido publicado en Semana.com bajo el título “Las
acciones militares son responsabilidad de personajes en las sombras” -
6 de febrero de 2007.
http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=100876
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