| Thursday, 20 de November de 2008 |
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Home Campañas Memorias contra el silencio. Marcha de víctimas fue hostigada en la comuna Nororiental...
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Marcha de víctimas fue hostigada en la comuna Nororiental... |
Medellín, jul 17 (IPC). - El mal presentimiento que acompañó la caravana de las 120 víctimas de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias “don Berna” o “Adolfo Paz”, en su recorrido este lunes por algunos de los barrios más álgidos de la ciudad, se hizo realidad en el parque Villa de Guadalupe, sector nororiental de Medellín.
Allí, los miembros de la caravana, que desde que partió a eso de las 2 de la tarde de la Plazoleta de las Esculturas no se cansaron de repetir: “Berna no es un don, él es un matón”, “no más impunidad, derechos humanos ya”, fueron víctimas de fuertes intimidaciones por parte de varios jóvenes del sector.
“Cuando llegamos al Parque de Guadalupe, nos bajamos a hacer el montaje teatral, como ya la habíamos hecho en San Javier (Comuna 13) y en (sector de) Caribe (Comuna 7). Al rato, se nos acercaron dos muchachos diciéndonos que nos fuéramos 'ligerito', que no respondían por nuestra seguridad”, expresó uno de las participantes de la caravana. La respuesta de las víctimas, pese al temor de la advertencia, fue quedarse e instalar allí su protesta simbólica.
La situación vivida en Villa de Guadalupe puso al descubierto que en Medellín existen territorios vedados en los cuales no se puede expresar la gente, mucho menos aquellas personas víctimas de la violencia paramilitar.
Lo ocurrido en la comuna Nororiental revivió el temor que sintieron muchas de las víctimas antes de iniciar la movilización, la primera de este tipo en la ciudad. Y no era para menos. La idea de recorrer las calles de la comuna 13, Robledo, Manrique y Villa de Guadalupe, barrios en los que, años atrás, el Bloque Cacique Nutibara (Bcn) libró una guerra sin cuartel con las milicias guerrilleras y que dejó cientos de víctimas, muchas de ellas personas inocentes, era motivo de angustia para quienes decidieron participar.
Tal era el caso de Luz Marina*. Su deseo de reclamar justicia la motivó a integrar la caravana y en su recorrido pasó a escasos metros de su vivienda, en la comuna 13, donde hace un año y medio un grupo de hombres fuertemente armados, y con la mirada permisiva de miembros del Ejército, ingresó e hirió a su sobrina.
“Por acá las cosas no están buenas. A la gente la siguen matando o desapareciendo, ya no a bala, sino a cuchillo y la recogen y la reportan como asesinados en otros barrios. Los milicianos de antes son los “paracos” de hoy. Yo no puedo coger un bus, siempre tiene que ser un taxi y ojalá uno que yo conozca. ¿Por qué estoy acá entonces? Por dos cosas: para reclamar justicia por el crimen de mi amiga Teresa (Yarce) y segundo, para derrotar el miedo. Tenemos que unirnos y salir, demostrarles a ellos que no nos van a vencer”, expresó Luz Marina, no sin miedo, pues al momento de transitar por sus calles, cerró la cortina de la ventanilla del bus, para no ser reconocida por sus vecinos.
“Queríamos recorrer estos barrios, donde se dice que nadie puede entrar y menos en los días en que aquí en la ciudad está “don Berna”, pero eso era precisamente lo que buscábamos: sensibilizar a la gente frente al silencio de sus crímenes y la legitimación que existe en estos sectores frente al accionar paramilitar”, manifestó una de las integrantes de la campaña Memorias contra el silencio y la impunidad, movimiento que lideró la campaña.
Pero, al parecer, la realidad de los barrios muestra una complacencia frente al comandante de los ex bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada y que se pudo palpar en los letreros observados durante el recorrido, en las paredes de los barrios Campo Valdés, Manrique y la propia Villa de Guadalupe, donde se leen frases como: “Adolfo Paz: esta es tu paz” o “Gracias por hacer de Medellín un sitio de paz”.
Al pasar por una de las sentencias, una de las integrantes de la comitiva trató de dar su explicación sobre este fenómeno: “las comunidades saben que lo hecho en el pasado es tan cruel, que sienten miedo de que vuelvan a repetir esas acciones. Ese mismo miedo, el recuerdo de las desapariciones, las torturas y los desplazamientos, hacen que la gente se mantenga totalmente pasiva frente a lo que han vivido. Esa misma dinámica es lo que le permite mantener el control a los victimarios”.
Sin embargo, otras de las asistentes, de forma más cruda, expresó lo que piensa al respecto: “Yo no tengo nada que agradecerle a ese señor. ¿Agradecerle qué? ¿Qué dejó madres sin hijos, hijos huérfanos, familias con miedo y que le enseñó a manejar armas a muchos jóvenes en Medellín? Yo personalmente, no tengo nada que agradecerle”.
* Nombre cambiado a petición de la fuente
Agencia de Prensa IPC
Medellín, Colombia
(57 4) 284 90 35
www.ipc.org.co
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