Por: Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra
El 29 de septiembre de 2007 fueron encarcelados, sindicados de
rebelión, los líderes campesinos Andrés Gil, Óscar Duque, Mario
Martínez y Evaristo Mena, dirigentes de la Asociación Campesina del
Valle del río Cimitarra (ACVC). Al mismo tiempo, y en un hecho sin
precedentes, la Fiscalía Tercera seccional de Barrancabermeja emitía 18
órdenes de captura contra todos los dirigentes de la ACVC. El
comandante del Ejército Nacional, general Mario Montoya Uribe,
manifestaba, abrogándose funciones de investigación judicial y
refiriéndose a la situación de la ACVC: "nosotros estamos investigando el proceder y la conducta de muchas personas. Así como éstas, es posible que haya otras capturas". En efecto, el 19 de enero pasado fueron apresados Ramiro Ortega y Miguel González Huepa.
Días antes el jefe paramilitar Julián Bolívar, en su versión libre
ante los Fiscales que lo investigan por crímenes de lesa humanidad,
haciendo de informante, señalaba: "sustento y denuncio mis
afirmaciones con argumentos, las actuaciones criminales de varios
dirigentes como son: la Unión Sindical Obrera (USO), la Organización
Femenina Popular (OFP), la Corporación Regional para la Defensa de los
Derechos Humanos (Credhos), el Programa de Desarrollo y Paz del
Magdalena Medio (Pdpmm) y la Asociación Campesina del Valle del Río
Cimitarra (ACVC), por sus vínculos al marxismo armado en Barrancabermeja".
Esta versión compromete al Ejército y a la Fiscalía, pues se le está
dando credibilidad a las afirmaciones hechas por el jefe paramilitar,
hoy desmovilizado, colocando con esto a las víctimas en el plano de
victimarios.
La persecución contra la ACVC no es nueva, durante sus 11 años de
existencia los miembros de esta organización han sido víctimas de
asesinatos, detenciones arbitrarias, desplazamientos, torturas,
bloqueos alimentarios y sanitarios a su región. La ACVC ha denunciado y
exigido justicia ante las violaciones a los derechos humanos cometidas
por agentes estatales y por el paramilitarismo en el Magdalena Medio.
El expediente judicial hace ver a la ACVC como una organización que
difama y calumnia sin razón a las Fuerzas Militares. La mayoría de
nuestras denuncias han sido verificadas incluso por instituciones
estatales, organizaciones de derechos humanos y observadores
internacionales.
Las sindicaciones por el delito de rebelión contra la ACVC, como en
ocasiones anteriores, se basan en un montaje judicial alimentado por
versiones de desertores de la guerrilla, reinsertados e informantes a
sueldo. El expediente de la fiscalía plantea que la ACVC favorece al
narcotráfico y a la guerrilla al oponerse a la nociva política de
fumigaciones indiscriminadas del gobierno colombiano y de la
administración de los Estados Unidos, como si las víctimas de las
fumigaciones no fueran en primera instancia los campesinos que se han
visto abocados a plantar coca como única alternativa.
La fiscalía, igualmente, basándose en informes de inteligencia del
ejército colombiano y del Departamento Administrativo de Seguridad,
sitúa a la ACVC como aparato político de la guerrilla y la sindica de
captar dineros de la cooperación internacional para financiarla. Se
trata de hacer ver a la cooperación de la Unión Europea como
financiadora de las FARC, a través de la ACVC y del Pdpmm, para
desvirtuar el actual modelo de cooperación europea de los Laboratorios
de Paz y adecuar la cooperación internacional a un nuevo modelo
contrainsurgente basado en la estrategia del Departamento de Estado de
los Estados Unidos y del Comando Sur (ver el documento: "Amistad y Cooperación para las Américas: estrategia del Comando Sur")
que plantea un enfoque de colaboración interagencial en materia de
seguridad que instrumentaliza la cooperación a través de la política de
recuperación militar y social del territorio y de la doctrina cívico -
militar de la Acción Integral. En el caso de persecución contra la
ACVC, se observa claramente la participación del Centro de Coordinación
de Acción Integral, un órgano de la Presidencia de la República donde
convergen instituciones civiles y militares colombianas y que cuenta
con la asesoría del Comando Sur y de la Usaid.
La ACVC es una organización legalmente constituida, en múltiples
ocasiones ha firmado acuerdos con funcionarios públicos de los tres
últimos gobiernos de Colombia, después de múltiples movilizaciones y
protestas para exigir derechos civiles, políticos, económicos y
sociales para el campesinado del Magdalena Medio.
Ante la desatención gubernamental, la ACVC ha promovido varias
iniciativas para generar procesos de desarrollo local y regional, ha
realizado labores de atención humanitaria en medio del conflicto
armado. Esta organización ha tenido como financiadora de sus
iniciativas a un número importante de agencias de cooperación
internacional y a la Unión Europea a través de su estrategia de
Laboratorio de Paz, ejecutada por el Pdpmm.
La ACVC igualmente ha firmado varios convenios con instituciones,
universidades, ONG, organizaciones de acompañamiento internacional y
gobiernos en su búsqueda de la superación de las causas estructurales
del conflicto político, social y armado regional, y el logro de la
justicia y la paz.
En su lucha por la tierra la ACVC ha optado por la construcción de
la Zona de Reserva Campesina (ZRC) del Valle del Río Cimitarra, figura
contemplada en la Ley de Reforma Agraria, que busca garantizar un
territorio libre de presiones, para que la economía campesina pueda
implementarse y generar desarrollo regional. La ZRC propuesta por la
ACVC ha encontrado fuertes detractores en las estructuras
paramilitares, narcotraficantes, terratenientes, en inversionistas
públicos y privados nacionales e internacionales que ven este
territorio y sus recursos como un espacio para los megaproyectos
extractivos y agroindustriales.
La ACVC es una organización legítima ante su gente, con sus pequeñas
realizaciones: llevar brigadas de salud a los enfermos, dotar de
seguridad alimentaria con cabras, búfalos y ganado vacuno, construir
casas dignas, construir acueductos veredales, atender emergencias
humanitarias, hacer caminos, enviar estudiantes a Cuba, operar a
enfermos visuales en Venezuela, y sobre todo exigir justicia y un
pedazo de tierra para el campesinado. Todo esto ha molestado a
poderosos intereses.
Entendemos el acoso judicial contra la ACVC como una confabulación
de intereses ajenos al campesinado, que buscan su desestructuración y
su desaparición política.
Por lo anterior, exigimos la libertad inmediata e incondicional de
los campesinos encarcelados y el desmonte del artificioso proceso
judicial que busca acabar con la ACVC.
Convocamos a una campaña nacional e internacional de respaldo a la
ACVC, que garantice su participación política y su labor de
exigibilidad y defensa de los derechos humanos.
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