Po: Alternativas al militarismo
Es como algo cómico hablar de independencia, cuando los pueblos latinoamericanos no la tienen, ya que estan ligados a las exigencias de las naciones del G8 que favorecen grupos economicos privados; evidenciandose así que no hay ni soberania, ni autonomia, ni condiciones de vida que nos lleven a ser gentes libres, concientes, racionales y críticos.
Entonces cada pueblo por causa de la globalización, los préstamos a los bancos, los megaproyectos, los conflictos armados, el monopolio del poder sostenido por elites y la homogenizacion; ha dejado perder su amor por la tierra y la unidad, ese real sentido de la autodetermninacion, y en consecuencia se está teniendo el abuso y el desperdicio de los recursos naturales: las selvas, el agua, las plantas y los animales; desaparece la identidad de los pueblos, el folklor, las prácticas y las culturas indigenas, ancestrales y rurales...
Ademas de este panorama, la mayoria de los procesos de independencia lo que han hecho es direccionar la construccion de los Estados, los cuales tienen dentro de sus funciones basicas el monopolio de la fuerza, el control social y economico; aspectos que se traducen hoy en más armas y lobby por los medios de comunicación que insentivan la guerra; olvidándose de buscar soluciones sociales a un conflicto que se ha originado por la concentración del poder y de la riqueza, llevando esto a una notable violencia estructural.
Se habla de marchas, de conciertos, se le da un gran espacio a este transbordo inadvertido en medio del hambre, el desplazamiento y el reclutamiento obligatorio y forzoso, para movilizar a una masa sin conciencia y teledirigiada por las noticias de los gremios económicos de la “Nación”. Este año se celebra la vispera del bicentenario de la independencia del Estado Colombiano. Desde el ejecutivo y el ministerio de cultura se impulsa dizque una “ gran fiesta nacional” de las personas, tratando de ocultar la rutinaria celebracion militar que año tras año se realiza en las ciudades y puntos lejanos del país, la cual reafirma a nuestros ojos la económia de guerra y una sociedad que convive en prácticas militares.
Recordemos por ejemplo la muestra de “poderío” y pie de fuerza que hizo el ejército y el presidente de colombia en San Andrés en el 2007, cuando se ventilaba el conflicto por las fronteras maritimas con Nicaragua en el tribunal de la Haya. Para este año es en Leticia, una de las zonas del país más olvidadas, de la que no se habla mucho de la realidad o la guerra que vive, tampoco se hace visible por los medios de comunicación los intereses que hay sobre el Departamento Amazonas, especialmente los de las trasnacionales del mundo y de Estados Unidos, una vez concretada las hidrovías de la Iniciativa de Integración de la Infrastructura Regional Surámericana (IIRSA).
Mejor dicho creemos que este traslado hacía el sur del país, quiere afirmar una soberania nacional que no existe, pues los ejércitos nunca han servido en Colombia para salvaguardar las fronteras, sino para atacar y desplazar a la población, para matar campesinos e indígenas y vestirlos de militares, para reclutar y obligar a los jóvenes a prestar el servicio militar obligatorio y por ahí derecho lavarles el cerebro para que dediquen sus días de vida al combate. Aunque los pueblos realizacen grandes festejos al rededor de la independencia es más que evidente que carecen de ella, pues no tienen bienestar, ni cobertura, ni servicios publicos, mucho menos orden público, lo que si tienen es “seguridad terrocratica”.
El tipo de independencia que padecemos como vemos, no nos cobija a todos y todas, sólo a un grupo pequeño que tiene la potestad -independencia- económica, la cual les concede la soberania y un poder politico concentrado.
Entonces ¿hay independencia? La respuesta es que no vivimos como queremos, no vivimos bien y no vivimos sin humillaciones y con libertad, es decir, vivimos sin dignidad; pues estamos sumergidos en un modelo de guerra que a través del miedo y el terrror a creado una forma y estrategia de intimidación para mantener a los pobres en los ejércitos callados, alienados y con hambre; y a los pocos grupos de interes: gamonales, narcotrafincates, paras y testaferros favorecerlos desde la normatividad de un Estado Social de Derecho que solo se aplica a lo sumo, a tres mil, de los 45 millones de colombianos.
Una real independencia debe de incluir y llevar a que toda la sociedad tenga condiciones de vida digna, es decir; mientras no haya vida, libertades, salud, empleo, educación, vivienda y trabajo no podrá existir la independencia; ni podremos abandonar este Estado infantil y adolescente para pasar a un Estado Garante de la razon, la modernidad y la autonomia de los pueblos que permita seguir construyendo y luchando por sus conquistas. Caminar a una real independencia es parar con la farsa del Estado actual que tenemos, el cual quiere reproducir unas formas de vida colonizadas en las que las ordénes son la forma de represión de la creación, y los ejércitos la salvaguarda de que no hay libertad, ni democracia y mucho menos diginidad.
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