Por: RJ
Durante la semana pasada se radicó en el congreso de Colombia, ese país en el que nos tocó vivir, un proyecto de ley sobre detención preventiva; el cual, autorizaría a la fuerza pública para que pueda detener a las personas con la finalidad de prevenir actos de desorden público que puedan cometer; sustentaba el ponente, que esto permitiría educar a la gente en la convivencia, así se logrará que las personas se comporten bien y no cometan actos de indisciplina en la calle; entre las personas que serían objeto de tal detención están, los borrachos, los drogadictos y todas aquellas personas que en la vía publica hagan escándalo.
-Ha olvidado el congreso- que ya la policía viene haciendo ésta práctica de manera cotidiana en las calles, deteniendo a diestra y siniestra a cuanta persona no le gusta durante un término de 12 horas amparado en el código nacional de policía. En los sectores públicos después de determinas horas de la noche, por ejemplo, pasa la policía obligando a que las personas se vayan para sus casas y quienes se niegan son arrestadas.
-Ha olvidado el congreso- que ya la policía tiene suficientes potestades sobre los ciudadanos imponiendo el orden por la fuerza e intimidando a las personas para que no se quejen, ejemplo de ello son las múltiples denuncias que sobre algunos agentes de policía se concentran en las instituciones de derechos humanos de la ciudad como es el caso de la Personería de Medellín.
-Ha olvidado el congreso- que en la ciudad de Medellín (así como en las demás ciudades del país), ya varias estaciones de la policía se caracterizan por las privaciones a la libertad que hacen de los ciudadanos sin que medie disposición judicial alguna, como son los casos de las estaciones de la Candelaria, San Blas y Belencito, las cuales los fines de semana se llenan de personas por arbitrío de los agentes; basta con estar ebrio, con estar en la calle después de las 2 de la mañana, con fruncirle el ceño a un policía para ser privado de la libertad.
Pero lo más grave es que el congreso, el espacio que fue creado para la defensa de la democracia y la garantía de los derechos de las personas, desconozca dos de los principios fundamentales de toda real democracia: la libertad y los limites a la fuerza publica.
Por un lado, libertad es un principio fundamental de todo ser humano, no existe dignidad mientras esté la latente posibilidad de perder este principio por la mera sospecha de convertirse en un riesgo para el orden publico. ¿Que sería del ser humano sin la posibilidad de disponer de su propia vida? El colmo es que un estado pretenda que sus ciudadanos no puedan embriagarse hasta que se les de la gana; que un consumidor de droga no pueda salir a la calle, que no se pueda habitar un parque hasta que uno quiera, y lo peor, que la policía tenga todas las potestades para poder actuar como quiera sin control alguno.
La libertad no puede ser sometida a la voluntad de un cuerpo policial; no puede ser reducida a la decisión discrecional de un hombre armado; y mucho menos puede pensarse que asumir la libertad se convierte en un riesgo para la convivencia.
Por otro lado, un principio fundamental de los estados democráticos para que no se conviertan en tiranías, es que sus funcionarios solo puedan hacer lo que les está expresamente permitido, y si aun así cometen arbitrariedades permanentemente, mucho más será en caso de tener las gabelas jurídicas para actuar. Mas restricciones para las personas y mas potestades para la fuerza pública lo que consolida es un estado policivo en el que los derechos humanos están sometidos a la decision de militares; cuando debería de ser al contrario, que los militares se sometan a los derechos humanos.
La defensa de la libertad como principio fundamental de la existencia de los seres humanos, tiene que seguir siendo un horizonte de los movimientos sociales, para que en estados totalitarios como el nuestro, se nos permita por lo menos emborracharnos en la calle hasta que se nos de la gana y habitar los parques que se han construido con el mismo dinero que pagamos en impuestos.
Iniciativas legislativas como estas, tienen que servir para poner en el debate publico las actuaciones de las fuerzas del estado, para llamar la atención una vez mas sobre la necesidad de controlar sus actuaciones y limitarlos a sus meras funciones, y para comprobar como desde el congreso se legitima la vulneración de los derechos.
Por ningún motivo se le puede facultar a cuerpos armados, sean quienes sean, para que dispongan de la dignidad de la gente como quiere hacerlo ahora el congreso; y mucho menos para que funciones judiciales y garantías históricamente reconocidas como la libertad sean de su libre disposición.
Asesoria Jurídica
Red Juvenil de Medellín.
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