Por: Corpades
“Un arma menos son muchas vidas más”, con el anterior slogan, la Secretaría de Gobierno presentó la campaña que propende por el desarme ciudadano y hace parte de la Acción Mundial Contra la Violencia Armada. La jornada es una invitación para que la ciudadanía comprenda los efectos nefastos que producen el porte y la tenencia de armas.
¿CUÁL PODRÁ SER EL EFECTO DE LA CAMPAÑA POR EL DESARME CIUDADANO, SI LA ACTUAL ADMINISTRACIÓN MUNICIPAL REPITE LAS OMISIONES DE SUS ANTECESORAS?
CORPADES, ve con moderado optimismo el inicio de la campaña por el desarme iniciada por la Secretaría de Gobierno de Medellín, no es que nos opongamos a esta “nueva” propuesta, la cual consideramos como positiva, ya que éste tipo de iniciativas son importantes y pueden servir como incentivo para buscar que los ciudadanos y ciudadanas entiendan que el monopolio de las armas debe estar en manos del Estado.
Sin embargo, analizando la situación actual del conflicto urbano, que cada día eleva sus niveles en la confrontación armada, consideramos que la misma no tiene mayores efectos, ya que la institucionalidad no ha empezado a corregir el rumbo trazado desde administraciones anteriores, en lo relacionado a la seguridad, la paz y la convivencia urbana.
No es posible que la invitación a la ciudadanía se limite al desarme como único fin (cosa que es loable desde todo punto de vista), cuando desde la institucionalidad se han fomentado los pactos con la ilegalidad para-mafiosa, pactos como el del control social armado en la periferia y centro de la ciudad, lugares éstos que hoy están en disputa, tal como lo demuestran los últimos acontecimientos en la urbe.
¿Será que esta campaña si dará resultados, cuando programas como el de jóvenes en alto riesgo, ha permitido que una parte de sus beneficiarios estén en armas arropados en los llamados “combos”?
¿Será posible que sin revisar la conformación de la llamada red de cooperantes, de los frentes de seguridad ciudadana y de las denominadas “Convivir”, a las cuales en muchos casos se les entregan equipos de comunicación y armas, a sabiendas de las actividades delictivas que algunos de sus miembros realizan amparados en la supuesta legalidad, es efectivo un desarme?
¿Será que permitiendo y fomentando el hecho que una parte de las bandas paramilitares participen en Asambleas Barriales y Corregimentales del Programa de Planeación Local del Presupuesto Participativo, es posible alcanzar el hermoso sueño de una ciudad legítima?
Para concluir, es preciso que Medellín, se inserte en una verdadera política de atención al conflicto urbano, que reestructure lo que a la fecha más bien parece una política sin rumbo, en lo referente a la paz, la seguridad y la convivencia.
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