¿ASUMIRLO O CUESTIONARLO?
Guatape, Antioquia-Colombia, 10 de Agosto de 2005
POR:
LEONARDO JIMENEZ
RED JUVENIL DE MEDELLIN
Apuntes para facilitar un debate en instituciones educativas
Con jóvenes del grado 11:
Inspirado en la discusión que tuve ayer con los jóvenes de los dos
grupos del grado 11 del colegio de Nuestra Señora del Pilar del
Municipio de Guatape.
¿Entonces quien cuidara las fronteras?, ¿Quién defendería a la
población de los grupos subversivos?, ¿Quién protegería a los
habitantes de los pueblos que están ubicados en recónditos lugares del
territorio Colombiano? … Son estos algunos de los cuestionamientos que
en ámbito escolar argumentan los y las jóvenes a la hora de plantear el
debate sobre la obligatoriedad del servicio militar. De entrada habría
que manifestar que no es nada fácil hablar de objeción y desobediencia
en una sociedad que se ha regido en los imaginarios del patriotismo y
la sumisión a los deberes ciudadanos, haciendo del militarismo una
institución intocable, equiparable casi proporcionalmente a la
adoctrinación de la fé católica; ¿En qué le afecta a la iglesia
católica el que yo deje de creer en Dios? - en nada, ¿En qué le afecta
a las fuerzas militares el que yo me declare objetor por conciencia? -
en nada, las instituciones sustentadas en la alienación, la subyugación
del sujeto a un poder autoritario se caracterizan por arrasar las
posibilidades creadoras de cada ser humano, formando filas integradas
por miles de personas que obedecen ciegamente ordenes absurdas, ya sea
en los asientos de una catedral, al interior de una fabrica, o dentro
de un cuartel militar; expresado con menos palabras, las instituciones
basadas en el autoritarismo nos absorben, nos robotizan e idiotizan,
imposibilitando en nuestras vidas cualquier expresión o sensibilización
por lo verdaderamente humano - que no es otra cosa que valorar y
respetar a cualquier ser -.
Si bien es cierto que actualmente se carece de estudios serios y
sistemáticos que den cuenta de los perjuicios que se generan en la
personalidad y el carácter de alguien, luego de pasar unos meses dentro
del régimen militar, bastaría con recopilar esas historias cotidianas
que por años hemos escuchado de las afectaciones físicas y psicológicas
que se presentan en un jóven luego de hacer su servicio militar, todas
ellas pruebas fehacientes de los efectos negativos que puede causar la
formación y el entrenamiento militar en una persona. Como escudos
protectores del militarismo, se manifiestan en los y las jóvenes
simpatías por la disciplina, la obediencia a un ser superior que pueda
orientar, corregir y castigar, la formación de un carácter firme, la
definición plena de las expresiones, ademanes, actitudes y
comportamientos que caracterizan al género masculino, haciendo
verdaderamente difícil para los y las activistas de la noviolencia la
labor de resignificación de conceptos y prácticas como la
desobediencia, la cooperación, el replanteamiento de las relaciones de
género y la búsqueda de la reafirmación de la condición propia de la
juventud en lo que son los gustos, habilidades, afinidades, los modos
de ser y de estar de los y las jóvenes.
El discurso de la noviolencia no es suficiente para penetrar sus mentes
y desatar el nodo que sujeta y reprime su imaginación, sería un error
que los y las activistas nos casáramos con la idea de que esto de
alguna manera se convierte en un "lavado de cerebro" a los jóvenes, en
mi opinión, ese es un temor con el que debemos romper, se trata de
encontrar las pedagogías y las metodologías apropiadas para liberar una
mente que por diez años - primero en la escuela y luego en el colegio -
a sido reprimida: (El tallo de la flor es verde, hágase siempre en el
puesto asignado, responda siempre al número y el apellido que le
corresponde, la historia es entender que las guerras son necesarias
para ser libres de la opresión y la esclavitud, hay que hacer el
servicio militar para ser hombres de bien, cuidadito se dejan convencer
por esas ideas revolucionarias que no sirven para nada). Ese debe ser
el reto principal para cualquiera que se denomine activista de la
noviolencia, o al menos para cualquier educador o pedagogo que se haya
atrevido a soltar los libros de historia, los manuales de enseñanza
tradicional y se haya aventurado a buscar otras posibilidades para
acercarse a un estudiante haciendo a un lado la tradicional relación
alumno - maestro.
Sí una falsa idea de la obediencia, la disciplina y la hombría pueden
denominarse como los escudos protectores del imaginario militarista,
podríamos decir que el miedo y una intención arraigada y obsesiva en
los jóvenes por cumplir el deber se convierten en la espada que lo
defiende, los activistas - y lo sustento desde mis propias experiencias
- debemos controlar nuestra emotividad, pues no se puede creer que todo
joven que expresa motivación o atracción por el discurso
antimilitarista, tiene de sopetón la intención de asumirse como objetor
por conciencia, de hecho en la mayoría de los casos, cuando se analiza
la situación fríamente, podemos darnos cuenta que la mayoría de los
jóvenes temen hacer el servicio militar, pero creen ciegamente que la
libreta militar definitivamente es un documento indispensable para
hacer realidad ideales propios de los y las jóvenes de nuestro tiempo,
como realizar estudios superiores, ser un profesional con un buen
empleo, no tener problemas con la fuerza pública, y ven en la objeción
por conciencia no una alternativa de transformación de la cultura
militarista, sino una alternativa para evadir la prestación del
servicio militar, creyendo que al ser objetores, igual tendrán una
libreta militar, aunque han habido casos - aunque pocos - en los que en
la primera charla o el primer taller contamos con la suerte de que hay
jóvenes que de inmediato se sienten identificados y sensibilizados
políticamente por el ideal antimilitarista.
En este panorama, la labor de los objetores y objetoras hoy declarados
y declaradas públicamente debe centrarse en servir como referentes de
posibilidad; no es lo mismo decirle a un jóven del grado once del
colegio municipal de Guatape que la objeción por conciencia es un
derecho, a decirle que yo soy un objetor por conciencia declarado, que
hace 5 años rechazo la prestación del servicio militar, que no apoyo ni
los ejércitos ni las guerras, y que todos estos años he procurado crear
las condiciones y las alternativas para mostrar que la vida sin libreta
militar es posible, rompiendo así con un mecanismo de presión que se
ejercía sobre mi, si me asumo como civil, ¿para que voy a portar una
libreta militar?. A la hora de plantear a los jóvenes estudiantes la
posibilidad de hacer objeción por conciencia al servicio militar, más
que promover un discurso o una ideología, se requiere visibilizar
alternativas, pues son estas las que de alguna manera hacen que se
rompa esa barrera generada por la incredulidad, el escepticismo y la
aferración constante al discurso tradicional guerrerista.
En este proceso, hay que asumir con cautela el rol que le compete al
activista, partiendo de la claridad de que no somos profetas ni tenemos
la verdad absoluta sobre nada, como en todos los fenómenos y relaciones
que se presentan en nuestra condición de humanos, tenemos un punto de
vista: "las guerras y los ejércitos están llevando al exterminio de la
humanidad", y desde ese punto de vista interlocutamos, proponemos,
debatimos y en nuestra labor de difusión constante de nuestra visión
del mundo procuramos PERSUADIR a cualquiera que se anime a escucharnos,
claro está, y eso jamás podríamos negarlo, nos valemos de mostrar desde
todos los medios que nos son posibles utilizar, lo que han causado las
guerras en nuestras vidas, en nuestro país y en el mundo, teniendo muy
claro de que eso no es ninguna garantía, - aunque nuestra filosofía sea
la noviolencia- de que el adversario, el que detenta el poder
autoritario, pretenda reprimirnos, amedentrarnos o eliminarnos.
Partiendo de esta reflexión, cada ves que interactuamos con los jóvenes
de los colegios, sobre todo en los grados décimo y once, hay que
procurar exponer con tranquilidad nuestros puntos de vista, tratando
siempre de que surjan los debates, pues no son posibles las
transformaciones de los imaginarios si primero no se evidencian los
desencuentros de estos, finalmente, y luego de exponer claramente
nuestra postura antimilitarista, queda abierta la invitación a cada
jóven, a cada ser, a reflexionar, a tomar en la soledad y en la
intimidad esa decisión que a todos en algún momento nos compete, y
definirse de una ves por todas en el eterno dilema de la historia de la
humanidad, matar o morir en una guerra, defendiendo ideales e intereses
privados, o atreverse a vivir y morir por el ideal que nos hace ser
iguales, aunque seamos de, no se que cultura, de no se que país, de no
se que color de piel, LA VIDA.